lunes, 25 de noviembre de 2013

La aventura de amarte

En la pareja, mientras dura el enamoramiento, todo resulta agradable, no se ven obstáculos y todo parece idílico. Pero el matrimonio no se limita a un momento, se hace cada día.
Aceptar al otro supone hacerlo de manera incondicional, para siempre, comprometiéndose en su mejora, ayudarle para que sea cada vez mejor y más feliz. ( no le amo por lo que me da, sino por lo que yo puedo ofrecerle )
La persona no es algo estático o cerrado, adelantamos y retrocedemos, la vida es lucha.
En ese combate por ser mejores, necesitamos apoyos y seguridades. Saberse amado proporciona una gran seguridad psicológica y afectiva y se constituye en base para crecer como persona.

La felicidad que proporciona saberse querido, la realización de una buena obra o el éxito de un empeño, superan con creces la felicidad < material> del tener y se prolonga en el tiempo.
Mejorar en generosidad, sinceridad, orden, paciencia, sencillez o lealtad es siempre una tarea que no se acaba, y esa lucha se convierte en fuente de felicidad.

HACER LA VIDA AGRADABLE
La generosidad se manifiesta en el deseo de hacer la vida agradable al ser amado y en la búsqueda de posibilidades y detalles para llevarlo a cabo.
En el matrimonio hay que hacer aquello que agrada al otro, pensar más en lo que desea tu pareja que en ti mismo. No se trata de sér víctimas, ni héroes, cuando se ama se es feliz dando y contemplando la felicidad del amado. La generosidad se retroalimenta y recibimos a cambio el mismo trato. 
La persona generosa también debe saber recibir, es importante recibir lo que se nos da con alegría.
Cuidarse y arreglarse para agradar al otro, confianza no debe confundirse con dejadez y descuido.

El optimismo y la confianza ayudan a crecer y mejorar, se adquieren cuando uno mismo se conoce, cuando uno se toma un poco en broma, y sobre todo cuando no es susceptible ante las cosas que puedan decir los demás. Debemos tener esperanza, creer en el futuro, esperar lo mejor y confiar que está en nuestras manos conseguir mejorar.

La alegría se comparte, una persona enamorada se entusiasma con lo cotidiano.
Las personas alegres transmiten optimismo, ganas de hacer, futuro, ilusión. Las personas que aman piensan más en los demás que en el propio yo. Muchos de los motivos de tristeza tienen que ver con la imaginación, el egoísmo, la envidia o la propia contemplación.
No es bueno hacer depender la felicidad de los estados de ánimo, porque estos son muy oscilantes y dependen en muchos casos de factores externos a uno mismo: cansancio, calor, estrés, problemas hormonales...
La felicidad va unida al equilibrio y a la armonía, a un cierto dominio de la tristeza, de la apatía, incluso del entusiasmo, ya que tan malo es dejarse llevar de un extremo como del otro.

La comprensión, humildad y generosidad se unen para poder ponerse en el lugar del otro, tener empatía. Todos tenemos necesidades afectivas pero no son las mismas, el trato y la delicadeza nos hará conocer los intereses del otro. La sencillez descomplica a la persona y sus relaciones.

El matrimonio es una aventura, supone empeño diario por hacerlo lo mejor posible, fuerza interior para afrontar las dificultades, y razones para reafirmar cada dia el amor.

LA TORMENTA PERFECTA
La vida no es algo estático, evoluciona pasando por distintas etapas, infancia, adolescencia, juventud, edad adulta...
En esos cambios pueden producirse las temidas crisis, cierta insatisfacción con la vida, no reconocerse uno mismo, tener la sensación de que los pilares se derrumban.
Las crisis sirven para dar paso a una nueva realidad, y bien enfocadas, se transforman en oportunidades para crecer, madurar y mejorar.

En los padres que rondan los cuarenta con hijos adolescentes, la crisis de los padres, se une a la de los hijos, es la tormenta perfecta. 
Ver los límites de las propias fuerzas, perdida de ilusión, sensación de que la vida no se desarrolla como la habíamos planeado, temor a haber fracasado en la educación de los hijos, escepticismo, nos pueden sorprender y provocar fisuras personales y en el matrimonio. Pueden surgir desavenencias.
Entra dentro de la normalidad y puede ser un punto de inflexión en nuestra vida.
Debemos hablarlo para superarlo juntos, ilusionarse con la nueva etapa, redescubrir lo que nos une y empeñarnos en que nunca los posibles problemas con los hijos, provoquen un distanciamiento de la pareja. Es necesario volver a enamorarse y recrear el proyecto común, adaptándolo a la nueva realidad.

La felicidad está más unida al ser que al tener.

EL MEJOR REGALO A LOS HIJOS
Renunciar a proyectos personales y al yo para traer un hijo al mundo, fruto del amor, es una inmensa fuente de felicidad y complicidad de los dos.

Los hijos necesitan un ambiente estable en todos los ámbitos de su vida, hogar, escuela, relaciones sociales. El ambiente familiar debe aportarles cariño y exigencia. Exigencia que les ayude a dar lo mejor de sí mismos, y a no dejarse llevar por el ambiente, apetencias o lo más fácil; cariño para suavizar esa exigencia, ayudarle a dar sentido a lo que hacen y sentirse seguros.

Cuando cariño y exigencia van unidos, los hijos crecen seguros, son capaces de asumir responsabilidades, no esperan que se les de todo hecho, valoran lo que tienen y no basan su vida en tener derecho a todo.
Saberse queridos y exigidos por un padre y una madre que se aman y están unidos proporciona una gran seguridad y supone una base sólida para construir una vida feliz y equilibrada.

< El y Joy discutían raramente, pero, cuando lo hacían, a lo primero que tenían que dedicarse después era a consolar a su hija. Decirle que los dos la querían, que la querían más que a cualquier otra cosa, no bastaba. No, lo que ella quería oír era cuanto se querían entre ellos>.
( El verano mágico en Cape Code)